
“Cachorro” López comenzó a redactar para la revista sobre farándula hace cinco años tras un cambio drástico en la línea editorial. Tuvo reparos en un principio por la tontera adscrita a la farándula. Prejuicios. Por esos días la gente había comenzado a consumir farándula por la tele o los diarios. El país cambiaba sus gustos. Programas como “El Mirador” o “Patiperros” dejaban la parrilla televisiva. Aparecían otros como “Primer Plano” o los realitys. A muchos le parecía refrescante vivir la vida de otros, juzgar vidas de famosos, dispararles o verles fracasar. La farándula era el circo que necesitaba la gente para ahogar sus penas y fracasos, o por últimos para entretenerse después de todo. Pura evasión.
Era tiempo de noticias como el fallido matrimonio entre la rubia modelo Silvana Oyarzún y el futbolista Mike Ordenes.
Un día a “Cachorro” lo enviaron a sacarle unas palabritas a Silvana que se bronceaba en la playa privada de un hotel.
La encontró recostada en la arena y con el cuerpo brilloso partido en dos por el mezquino encintado del bikini. En televisión casi siempre andaba escasa de ropa. Ella cumplía bien su trabajo. De aquello vivía.
-Hola. Soy el periodista que recién te habló… ¿Recuerdas? (qué lo iba a recordar, pero igual)-, le dijo como recitando de memoria, quizás con el timbre de voz demasiado alto.
Luego se agachó y le besó sonoramente su mejilla aceitosa por el bronceador. El se sentó para la entrevista y clavó sus ojos. Todo era bien formado en ella, perfecto. Ella ni siquiera se sacó sus gafas de sol. No le interesaba verlo, pues para ella eras la simple voz de otro periodista que la acosaba para preguntarle: ¿Y qué m… pasó con Ronald Mike Ordenes?
Linda la mujer. Envidió a Mike Ordenes.
“Cachorro” hacia que ponía atención, mientras ella hablaba. A ratos “Cachorro” se imaginaba como Mike en la intimidad con la Oyarzún. La grabadora seguía en Rec.
El fotógrafo, que recién había llegado, también se imaginó como Mike según reconoció después. El tipo parecía extasiado fotografiando a la rubia, que ni siquiera se daba el trabajo de posar: sólo miraba, estática, fría, pero aquello bastó. Comprobaron su poder.
En la revista los felicitaron por las “perlas” de la Oyarzún. Se trataba de una mujer que por sus escándalos amorosos siempre levantaba las ventas.
La chica no se caracterizaba por ser amistosa con los periodistas a pesar que estudiaba periodismo, pero le habían agradado.
Quizás pensó que los periodistas de provincia eran más sanos o más ingenuos, por eso confió. Sin embargo lo que dijo en esa playa provincia se transformó en un escándalo nacional. Mike Ordenes era gay. Terrible.



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